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Románov. Crónica de un final:1917-1918

Cien años después, la Revolución Rusa sigue dando de qué hablar. Los hechos, las fechas y las anécdotas se acumulan en el rincón histórico, cada vez más grande. Pero poco se sabe de la cara real, los Románov, y de cómo vivieron estos años. “Románov. Crónica de un final: 1917-1918” descubre el lado más personal de los últimos zares.

Sinopsis

Durante trescientos años el destino de todas las Rusias había sido guiado por la dinastía Románov. Cuando en 1896 Nicolás II fue coronado no podía imaginar que poco más de dos décadas después los acontecimientos tenían reservado para él y los suyos un trágico fin. A principios del siglo xx la imperial Rusia, sumida en la I Guerra Mundial y en un clima prerrevolucionario, se rompe en mil pedazos y la revolución de febrero de 1917  desemboca en la abdicación del zar, la aparición del sóviet como nuevo modelo de poder, el posterior cautiverio de la familia real y su ejecución en julio de 1918.

En aquellos meses convulsos todos sus integrantes –los zares y sus cinco hijos– vivieron tres encierros en los que la correspondencia y el diario fueron una vía de escape, confesión y diálogo con el exterior. Estas páginas, construidas desde la pasión y el amor, la incomprensión y el temor, la memoria y el análisis de una época, recorren aquellas vidas y sus propias escrituras que son testimonio histórico, pero también vital y cotidiano, de uno de los episodios decisivos de la historia contemporánea.

Opinión

Eran los dueños del mundo. Con aire regio y sin darse cuenta de lo que había por debajo de su hombro, la familia Románov caminó durante años sin mirar atrás. Tampoco sin ver lo que se gestaba a sus espaldas y lo que terminaría con los últimos zares de Rusia. Cuando Nicolás II llegó al poder en 1896, no podía saber que su reinado acabaría de una forma brusca y que él mismo y su familia contaría los pasos de su final a través de su correspondencia.

Sobre la Revolución Rusa, la tragedia de los Románov y todo aquello que siguió en la historia de Rusia está más que contado en papel, en películas y en cuadros, pero resulta curioso saber de primera mano cómo vivió la familia real su último año. Este libro recoge en orden cronológico las cartas, los telegramas y las anotaciones en sus diarios de los Románov y de la gente que les rodeó durante 1917 y 1918. Imposible tener una fuente más fiable de la época.

Si algo llama la atención de lo que incluyen sus escritos es la intimidad que parece que estamos violando, el cariño y la sinceridad que traspasan las letras para llegar a sus lectores, especialmente en las primeras cartas entre Nicolás II y su esposa Alejandra Fiódorovna. En ellas aparecen enredados entre sí mensajes llenos de amor donde la pareja o los hijos con su padre hablan de lo mucho que se echan de menos durante el primer exilio y separación de la familia con telegramas llenos de crispación y angustia por las últimas horas en la política nacional. En muchos casos,  y sobre todo en las cartas de Alejandra, que son bastante largas en comparación con las de su marido, explica a Nicolás II el transcurso de la fiebre de sus hijas junto al paseo diario realizado por los jardines del lugar y sobre las últimas noticias de las que se entera sobre el levantamiento en armas de la población.

Resulta notable lo que se puede extraer leyendo los diarios de la familia junto a su correspondencia y telegramas de los dos últimos años de su vida. A partir de lo que escriben de su puño y letra, aflora la cara más humana, la que establece a la familia real como una igual al resto de personas. Nicolás II es un hombre entregado a su país y no entiende la traición que está cometiendo hacia el gobierno y hacia su familia, en ningún momento se para a pensar en las condiciones que le rodean y espera siempre el consentimiento de su mujer. Por su parte, Alejandra Fiódorovna no tiene complejo alguno para demostrar que con su carácter aconsejaba en todos los casos al zar, que el mando lo tenía ella, tanto de la casa como de los asuntos políticos de su marido. Mientras Nicolás II se centra en la frustración que vive por todos los viajes que está obligado a realizar, así como de los documentos que tiene que firmar como su renuncia al trono, su mujer opta por la cara más radical, la que no persona y la que ve el fin inminente de una etapa.

El orden cronológico de los escritos permite seguir la historia hasta el asesinato de la familia, con las condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los dos últimos años, como la separación de la familia en una misma casa para que no se comunicaran. Pero si algo llama la atención y hasta consigue que los lectores sientan incomodidad por la intimidad de sus palabras son los apelativos cariñosos que se dedican los zares entre ellos, como “baby”, “rayito de sol” o “solecito”. Es la verdadera parte personal de los documentos y los que hacen ver que además de llevar la política del país en sus manos, también eran personas que vivían con sus emociones y sus angustias.

“Romanov. Crónica de un final: 1917-1918” es un libro que muestra la cara más humana de una familia que murió asesinada en medio de un cambio radical en la historia, una revolución que no supieron entender y que los documentos de la obra expresan.

No te puedo aconsejar nada, pero querido mío, sé tú mismo. Si tienes que aceptar las condiciones, Dios te ayudará a liberarte de ellas. Oh, mi pobre! Siempre contigo y para siempre tu…

Esposa

Que el escapulario que he besado te dé mis bendiciones, ayuda y fuerza. Lleva Su cruz para mi tranquilidad.

No te mando el escapulario, sin él es más fácil doblar el papel.

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