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El hombre de los círculos azules

Cuando una ciudad está aburrida, hasta el aire puede ser un entretenimiento. Durante un tiempo, París se revoluciona con unos extraños círculos azules que aparecen por sus calles rodeando cosas livianas, hasta que un día aparece algo más grave. Esta es la premisa de “El hombre de los círculos azules”, escrito por Fred Vargas.

Sinopsis

«Victor, mala suerte, ¿qué haces fuera?» A los parisinos les divierte. Desde hace cuatro meses esta frase acompaña los círculos azules que surgen durante la noche trazados con tiza en las aceras de la ciudad, y en el centro de los círculos, prisioneros, un desecho, un residuo, un objeto perdido: un trombón, una bombilla, una pinza de depilar, un yogur, una pata de paloma… El fenómeno hace las delicias de los periodistas y de algunos psiquiatras que elaboran diferentes teorías. Sin embargo, al comisario Adamsberg no le hace ninguna gracia. Los círculos y su heteróclito contenido «rezuman» crueldad. Él lo sabe, lo siente: pronto ese hecho anodino y estrafalario se convertirá en una tragedia.

Opinión

No se habla de ello porque no hace falta pero lo sabemos: nos encanta el misterio, aquello que no podemos explicar, crear mil teorías a cada cual más enrevesada que la anterior y competir con el de al lado por descubrir la verdad. Y en momento de aburrimiento es lo que más pesa, aunque la época del Instagram y el resto de redes sociales hayan conseguido que hasta un chicle pegado en la acera sea interesante. París, la gigantesca capital francesa, no va a ser menos, y cuando comienzan a aparecer unos extraños círculos azules por la ciudad rodeando objetos normales, como una pinza de depilar, una bombilla o basura en general con la frase “Victor, mala suerte, ¿qué haces fuera?”, la población corre a buscar el siguiente hallazgo. Ya tienen diversión. Ni ellos ni nadie, ni siquiera los psiquiatras o los periodistas podían saber que el inocente juego llegaría a más. O quizás sí se lo imaginaba alguien, el comisario Adamsberg.

Fred Vargas acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y se entiende con obras como esta. “El hombre de los círculos azules” tiene un ritmo que no decae en ningún momento y es algo admirable. La historia se cuenta como si fuésemos un parisino más, no podemos esperar que los hechos importantes lleguen en la primera página porque es parte del juego del hombre de los círculos azules. Además de tener un punto de partida que suscita curiosidad, los personajes del libro están tan bien construidos que podemos imaginar con todo detalle cualquier movimiento. Todos son muy diferentes entre sí y a pesar de tener caracteres que ya se han utilizado con anterioridad, son especiales por cómo actúan y Fred Vargas los hace inigualables.

Así, conocemos a un comisario como Adamsberg que se toma la vida con toda la tranquilidad del mundo, pero con una intuición que ni él puede explicar. Según él, la maldad rezuma de las cosas y de las personas, y Adamsberg es el único en notar que algo va mal con la geometría que tanto alegra las mañanas parisinas. Dentro de la comisaría también encontramos a Danglard, un policía que se toma su trabajo en serio y tiene un espíritu dinámico que contrasta con el comisario, aunque al final se entiendan. Y del otro lado, siempre relacionados con la comisaría, encontramos a una bióloga marina, de nombre Mathilde Forestier, que si por ella fuese no pararía de hablar y de enterarse de lo que le rodea, y Charles Reyer, un ciego que acaba viviendo en la casa de la bióloga después de conocerla en la calle.

Los diálogos son acordes al ritmo de la novela, rápidos, que van al grano y son inteligentes, igual que el estilo de la escritora. A veces es más interesante ver qué piensa Adamsberg o leer los diálogos entre todos los personajes que ver cómo avanza la investigación de los círculos azules. Porque esto es lo único más lento del libro y también tiene su sentido, cada fino detalle tiene su lugar en la resolución del caso. Y no se puede decir mucho más de un libro del que es mejor no saber demasiado, la sorpresa es mejor cuando se disfruta de una novela así.

“El hombre de los círculos azules” es un libro que engancha desde la primera página, que nos hace querer saber más de unos círculos que parecen inofensivos, pero que al final tienen una historia más macabra de la que se podría pensar en un inicio

El hombre siempre necesita “entender”, aunque con ello sólo consiga crearse problemas

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