El lugar donde los libros enseñan las historias que llevan entre sus líneas

Del color de la leche

En el siglo XIX, que una granjera supiese leer y escribir era impensable. Primero porque era una pérdida de tiempo, las vacas y la cosecha eran lo único importante, y segundo porque era imposible. Pero una niña consigue este milagro en “Del color de la leche”, de Nell Leyshon, para contarnos su historia.

Sinopsis

Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia. Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes singulares; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.

Opinión

Si rebuscamos entre relatos de vida del siglo XIX, nos encontramos una gran mayoría que sobrevivía a base de leche ordeñada de sus vacas y de las verduras que recogían del huerto situado al lado de su pequeña casa. Un solo conjunto de ropa y botas, un par de mantas compartidas y el menaje necesario para comer cada día, por lo menos, con un plato y cubiertos. Algunos ni siquiera aspiraban a más, sabían cuál sería su futuro sin cambios y se resignaban a levantarse una nueva mañana con frío y hambre.

Mary es una niña de 14 años con el pelo del color de la leche  y con una malformación en una de sus piernas que vive con sus padres y sus cuatro hermanas. Su casa es una granja típica de 1830 en Inglaterra, con sus gallinas, su vaca que les provee de leche diaria y sus hectáreas donde cultivan la cosecha de cada año. Los días para ella se resumen en el momento en el que sale el sol, la hora a la que su estómago ruge tanto que necesita llenarlo con lo que tengan a mano y cuando anochece. El tiempo no pasa para ella porque siempre es lo mismo, hasta que deja de serlo. Y un año después, en 1831, Mary escribe su historia de su puño y letra y nos la cuenta.

Ganadora del Premio del Gremio de Libreros de Madrid 2014, “Del color de la leche” nos sumerge en un mundo lleno de poder, del encuentro entre una familia pobre y una que vive sin problemas, donde el dinero al final está por encima de la humanidad. Nell Leyshon escribió esta pequeña novela de la forma más natural posible, transcribiendo los pensamientos de una niña a la que le cambió su vida en tan sólo un año.

La protagonista, Mary, viene de una familia granjera compuesta por una madre sumisa, un padre violento y cerrado de mente, cuatro hermanas que no miran por ellas y un abuelo paralítico y abandonado por el resto de sus cercanos, a excepción de su nieta Mary, con quien mantiene una relación especial. Ella no puede evitar decir lo que piensa, es la sinceridad personificada y a veces peca de lengua afilada, aunque nunca desacertada. La lentitud de su pierna hace que un día su padre la mande a cuidar a la mujer del vicario, una señora con una enfermedad terminal, a cambio de dinero. Así es cómo empiezan los cambios para Mary, en un ambiente limpio, sin falta de comida, con más de un conjunto de ropa y con la aceptación del vicario, su mujer, su hijo Ralph y de Edna, una criada que ha crecido en la casa.

Sin poder escoger destino, Mary siente que sigue atada y necesitará liberarse de sus cadenas como sea posible, sin importar las consecuencias. Y así es cómo aprende a leer y a escribir, según ella, para su futuro, y un año después utiliza sus habilidades para contar su historia al lector.

A simple vista, lo primero que llama la atención es la escritura. No hay mayúsculas, las frases parecen la transcripción del hablado y se ve una evolución en lo que dice. Mary acaba de aprender a escribir y aunque sus lecturas se basan en la Biblia, logra contar su año de cambios con exactitud, aspereza y con un sentido muy agudo. No se recrea en ambientaciones bucólicas ni en presentar a sus personajes, escribe desde la urgencia de contar su historia. Además, el libro está dividido en estaciones, la única manera de Mary de contar el tiempo a través de los colores de los árboles y la temperatura.

La falta de adjetivos no es un problema a la hora de imaginar cómo Mary mantiene alguna conversación con quien le rodea (diálogos directos, llenos de ironía o de preguntas muy acertadas, de una niña inocente pero muy curiosa). También vemos su transformación mientras pasamos las páginas de su relato, una historia dura que aumenta la intensidad poco a poco hasta un final terrible.

“Del color de la leche” es un relato áspero de cómo una niña proveniente de una familia granjera, con hambre y sin dinero, intenta rebelarse en una sociedad que ni siquiera se imagina su libertad.

(…) bueno, ¿dónde estabas?

en la iglesia.

bueno, eso no va a darles de comer a los animales, ¿verdad?

pero a lo mejor hace que dios provea su comida.

mírame, dije, he estado acarreando esta cuba enorme de comida. nunca he visto a dios haciendo eso.

a lo mejor él no lleva la comida de un sitio a otro, dijo ella, pero hace que crezca.

ay, la hostia, dije yo, y yo que pensaba que había sido yo la que había plantado todas esas semillas.

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